¿Alguna vez has sentido que no haces todo lo que podrías? Que no llegas, que no cuidas como deberías, que no eres suficiente ni como madre, ni como pareja, ni como mujer, ni como hija, ni contigo misma. Sentirse suficiente es algo que me cuesta más de lo que me gustaría. Y el cuerpo lo nota.

El caso es que no paro de hacer cosas, no descanso ni un solo minuto del día. Trabajo todo lo que puedo y más, saco tiempo siempre para cuidar mi relación de pareja, lo doy todo por mis pacientes… Y aún así siento que no soy suficiente. Siento que podría dar más.

En la consulta de suelo pélvico también me encuentro esto a diario: mujeres con dolor, con tensión acumulada, con cuerpos y mentes que piden parar. Debajo de todo esto siempre encuentro el mismo motivo: la autoexigencia. Sensación de no estar a la altura. Sensación de no sentirse suficiente.

Siempre que llego a esta conclusión me repito lo que una vez mi psicóloga me dijo: si algo que es un autocuidado se convierte en una exigencia, entonces no es un autocuidado.

Cuidarnos no debería ser otra obligación más. Es un espacio de escucha, de pausa. No necesitas hacerlo perfecto. Solo hacerlo. Y darte el permiso para no ser perfecta.

Si algo tengo claro es que mi consulta de fisioterapia debe ser un espacio para eso. Para conectar conmigo como fisioterapeuta y para que mi paciente se tome ese tiempo y esa pausa que necesita para cuidarse. Un lugar donde no sentirse suficiente es algo imposible, porque desde la calma entenderás que todo lo que haces es todo lo que necesitas para llegar a tu objetivo.

Sentirse suficiente no pasa por hacer más, si no por dejar de exigirte tanto.

Tu cuerpo muchas veces no es el culpable de tu dolor. Claro que el periné duele. Claro que tienes escapes de orina. Pero a veces eso no significa que tu cuerpo esté roto. A veces es que tu cuerpo está cansado. Porque no, no podemos con todo y menos aún con todo a la vez.

¿Desde donde viene toda esta autoexigencia que sentimos la mayoría de mujeres? ¿Alguna vez te han reconocido tus logros? ¿Te dan las gracias porque la comida hoy te ha quedado muy buena? ¿Te dan la enhorabuena por ese logro en tu trabajo? ¿Será que siempre buscamos la aprobación y el reconocimiento ajeno?

¿Por qué no empezamos a ver que el reconocimiento tiene que venir de nosotras mismas antes que del resto?

Vivir esperando escuchar de los demás que todo lo que hacemos está bien no nos va a llevar a otro lugar más allá de seguir buscando la autoexigencia. Sin darnos cuenta de que esa perfección que ansiamos no existe. Por eso, cuando haces los ejercicios de suelo pélvico y pides perdón porque un día no has podido hacerlos deberías realmente agradecerte por el resto de días que sí has podido.

Querer llegar a todo es algo irreal. La idea de superwoman que nos han metido en la cabeza desde pequeñitas no es más que un falso argumento para que nosotras lo hagamos todo, para que movamos el mundo y para no sentirse suficiente nunca. La pescadilla que se muerde la cola. Hacemos más para ser suficientes y como nunca lo llegamos a ser entonces hacemos más y más y más…

Y si crees que esto solo te pasa a ti, por suerte (o por desgracia) no estás sola en esto. Si crees que tu cuerpo te está hablando, escúchalo. Escúchate. Sentirse suficiente empieza en ti. En cumplir tus expectativas y no las de los demás.

Si necesitas acompañamiento para conseguirlo estaré encantada de ayudarte.

Si quieres leer más sobre autoestima y sentirse suficiente te dejo esta entrada al blog de una psicóloga donde expresa a la perfección lo que te estoy contando.